La mayor bendición de la eternidad no son las calles de oro, sino la comunión ininterrumpida con el Creador. Estaremos con Él y seremos su pueblo. Conclusión y Llamado

"El tabernáculo de Dios con los hombres". El consuelo supremo no son las calles de oro, sino la presencia permanente de nuestro Creador caminando a nuestro lado.